Las historias personales revelan con crudeza las grietas estructurales del Sector.
Una gerocultora (profesional comprometida) se ve obligada a coger una baja médica por una dolencia que le impide continuar con su actividad habitual. Una situación cotidiana en cualquier empresa. Pero lo que ocurre debería interpelarnos como sociedad.
De baja, esta profesional empieza a buscar trabajos en domicilios. No es deslealtad hacia su empresa, ni falta de ética, es porque su salario como no le permite sostener a su familia; la necesidad económica se impone sobre cualquier otra consideración.
El impacto para la residencia: que funciona siempre al límite y supone un problema inmediato:
- Pérdida de un profesional en un equipo ya ajustado.
- Sobrecarga para el resto del personal.
- Dificultad para encontrar sustitutos con escasez de profesionales.
- Riesgo organizativo que desestabiliza la continuidad asistencial.
Las empresas no son ajenas a esta realidad. Saben que las bajas son inevitables, pero saben que el sistema está tan tensionado que cada ausencia se convierte en un terremoto. Y aun así, se hacen esfuerzos enormes para reorganizar turnos, cubrir necesidades y mantener la calidad del servicio.
La otra cara: la desprotección económica del profesional
Mientras la residencia intenta sostener el servicio, la gerocultora intenta sostener su vida.
La baja médica se convierte en un periodo de angustia económica. La prestación no cubre sus necesidades básicas, y el salario previo ya era insuficiente para vivir con estabilidad. En ese contexto, buscar trabajos de cuidado en domicilio (incompatible con la baja) se convierte en una salida desesperada.
No es fraude; es supervivencia.
Miles de profesionales viven al límite, con salarios que no reflejan ni la responsabilidad ni la dureza emocional y física de su trabajo. Personas que cuidan a nuestros mayores mientras ellas mismas viven en condiciones de vulnerabilidad económica.
Un conflicto que no debería existir
Esta historia no debería enfrentarnos: ni empresa contra profesional, ni profesional contra sistema. Lo que debería es obligarnos a mirar de frente la precariedad estructural del sector.
Porque cuando te ves obligado a buscar ingresos adicionales mientras está de baja, el problema no es la persona. El problema es el modelo; que:
- No garantiza salarios dignos.
- No protege económicamente a quienes cuidan.
- No ofrece estabilidad suficiente para que una baja no se convierta en una amenaza.
- No reconoce el valor real del trabajo de cuidados.
La conclusión
Abordemos de forma seria la financiación, la profesionalización y la dignificación del sector, seguiremos atrapados en estas contradicciones: empresas que no pueden cubrir bajas y profesionales que no pueden cubrir sus necesidades básicas.
🔊 Y en medio las personas mayores que merecen estabilidad, continuidad y cuidados de calidad. Pero eso solo será posible cuando quienes cuidan puedan vivir con dignidad.
Una gerocultora (profesional comprometida) se ve obligada a coger una baja médica por una dolencia que le impide continuar con su actividad habitual. Una situación cotidiana en cualquier empresa. Pero lo que ocurre debería interpelarnos como sociedad.
De baja, esta profesional empieza a buscar trabajos en domicilios. No es deslealtad hacia su empresa, ni falta de ética, es porque su salario como no le permite sostener a su familia; la necesidad económica se impone sobre cualquier otra consideración.
El impacto para la residencia: que funciona siempre al límite y supone un problema inmediato:
- Pérdida de un profesional en un equipo ya ajustado.
- Sobrecarga para el resto del personal.
- Dificultad para encontrar sustitutos con escasez de profesionales.
- Riesgo organizativo que desestabiliza la continuidad asistencial.
Las empresas no son ajenas a esta realidad. Saben que las bajas son inevitables, pero saben que el sistema está tan tensionado que cada ausencia se convierte en un terremoto. Y aun así, se hacen esfuerzos enormes para reorganizar turnos, cubrir necesidades y mantener la calidad del servicio.
La otra cara: la desprotección económica del profesional
Mientras la residencia intenta sostener el servicio, la gerocultora intenta sostener su vida.
La baja médica se convierte en un periodo de angustia económica. La prestación no cubre sus necesidades básicas, y el salario previo ya era insuficiente para vivir con estabilidad. En ese contexto, buscar trabajos de cuidado en domicilio (incompatible con la baja) se convierte en una salida desesperada.
No es fraude; es supervivencia.
Miles de profesionales viven al límite, con salarios que no reflejan ni la responsabilidad ni la dureza emocional y física de su trabajo. Personas que cuidan a nuestros mayores mientras ellas mismas viven en condiciones de vulnerabilidad económica.
Un conflicto que no debería existir
Esta historia no debería enfrentarnos: ni empresa contra profesional, ni profesional contra sistema. Lo que debería es obligarnos a mirar de frente la precariedad estructural del sector.
Porque cuando te ves obligado a buscar ingresos adicionales mientras está de baja, el problema no es la persona. El problema es el modelo; que:
- No garantiza salarios dignos.
- No protege económicamente a quienes cuidan.
- No ofrece estabilidad suficiente para que una baja no se convierta en una amenaza.
- No reconoce el valor real del trabajo de cuidados.
La conclusión
Abordemos de forma seria la financiación, la profesionalización y la dignificación del sector, seguiremos atrapados en estas contradicciones: empresas que no pueden cubrir bajas y profesionales que no pueden cubrir sus necesidades básicas.
🔊 Y en medio las personas mayores que merecen estabilidad, continuidad y cuidados de calidad. Pero eso solo será posible cuando quienes cuidan puedan vivir con dignidad.
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