Hace unos días leí un artículo del Dr. Vicente Botella Garcia del Cid que me removió por dentro. Hablaba de algo que muchos evitáis decir en voz alta: que a los mayores se nos trata como si fuéramos un estorbo amable, una especie de mobiliario humano que hay que mantener, supervisar y archivar. Y lo digo yo, que ya peino más canas que recuerdos nuevos.
Lo que más me duele no es que el sistema falle. Es que falla porque nos mira mal.
Nos mira como viejos, en el sentido más pobre de la palabra:
como cuerpos que se deterioran, como cargas que gestionar, como expedientes que inspeccionar.
Pero no como personas con biografías, capacidades y experiencias que podrían seguir aportando si alguien tuviera la valentía de preguntarnos qué sabemos hacer.
El problema no es solo cultural. Es estructural.
El Modelo de Inspección
Hoy inspeccionar un centro es, demasiadas veces, revisar papeles, protocolos y checklists.
Pero ¿quién inspecciona si se respeta la dignidad?
¿Quién evalúa si se escucha al residente?
¿Quién mide si el centro permite que un mayor siga siendo protagonista de su vida?
La inspección debería garantizar derechos, no solo procedimientos.
El Modelo de Dirección en residencias y centros de día
Muchos grupos gestionan centros como si fueran cadenas de producción:
eficiencia, ratios, indicadores, cumplimiento.
Todo necesario, sí.
Pero insuficiente.
Dirigir un centro no es dirigir un hotel con personas mayores dentro.
Es dirigir un espacio de vida, donde cada residente trae un mundo entero que no puede reducirse a una cama, una pauta médica y un horario de comedor.
Los mayores no somos “usuarios”.
Somos ciudadanos.
Somos personas que hemos trabajado, criado, construido, fallado, aprendido.
Y seguimos teniendo algo que decir.
Lo que debería cambiar
- Pasar de “cuidar cuerpos” a acompañar proyectos de vida.
- Pasar de “cumplir normas” a garantizar derechos.
- Pasar de “gestionar recursos” a reconocer talento sénior.
- Pasar de “proteger” a empoderar.
- Pasar de “hablar por ellos” a escucharles de verdad.
Porque cuando el sistema nos trata como si estuviéramos “fuera”, nos empuja a desaparecer antes de tiempo.
Y no, no estamos fuera.
Estamos aquí.
Con ganas de seguir siendo parte del mundo.
Como dijo el Dr. Botella, los mayores no somos idiotas.
Pero a veces el sistema sí lo parece cuando insiste en tratarnos como si ya no importáramos.
Y yo, como Abuelo, como mayor y como ciudadano, digo basta.
No queremos más cuidados sin mirada.
Queremos respeto, participación y voz.
Hace unos días leí un artículo del Dr. Vicente Botella Garcia del Cid que me removió por dentro. Hablaba de algo que muchos evitáis decir en voz alta: que a los mayores se nos trata como si fuéramos un estorbo amable, una especie de mobiliario humano que hay que mantener, supervisar y archivar. Y lo digo yo, que ya peino más canas que recuerdos nuevos.
Lo que más me duele no es que el sistema falle. Es que falla porque nos mira mal.
Nos mira como viejos, en el sentido más pobre de la palabra:
como cuerpos que se deterioran, como cargas que gestionar, como expedientes que inspeccionar.
Pero no como personas con biografías, capacidades y experiencias que podrían seguir aportando si alguien tuviera la valentía de preguntarnos qué sabemos hacer.
El problema no es solo cultural. Es estructural.
El Modelo de Inspección
Hoy inspeccionar un centro es, demasiadas veces, revisar papeles, protocolos y checklists.
Pero ¿quién inspecciona si se respeta la dignidad?
¿Quién evalúa si se escucha al residente?
¿Quién mide si el centro permite que un mayor siga siendo protagonista de su vida?
La inspección debería garantizar derechos, no solo procedimientos.
El Modelo de Dirección en residencias y centros de día
Muchos grupos gestionan centros como si fueran cadenas de producción:
eficiencia, ratios, indicadores, cumplimiento.
Todo necesario, sí.
Pero insuficiente.
Dirigir un centro no es dirigir un hotel con personas mayores dentro.
Es dirigir un espacio de vida, donde cada residente trae un mundo entero que no puede reducirse a una cama, una pauta médica y un horario de comedor.
Los mayores no somos “usuarios”.
Somos ciudadanos.
Somos personas que hemos trabajado, criado, construido, fallado, aprendido.
Y seguimos teniendo algo que decir.
Lo que debería cambiar
- Pasar de “cuidar cuerpos” a acompañar proyectos de vida.
- Pasar de “cumplir normas” a garantizar derechos.
- Pasar de “gestionar recursos” a reconocer talento sénior.
- Pasar de “proteger” a empoderar.
- Pasar de “hablar por ellos” a escucharles de verdad.
Porque cuando el sistema nos trata como si estuviéramos “fuera”, nos empuja a desaparecer antes de tiempo.
Y no, no estamos fuera.
Estamos aquí.
Con ganas de seguir siendo parte del mundo.
Como dijo el Dr. Botella, los mayores no somos idiotas.
Pero a veces el sistema sí lo parece cuando insiste en tratarnos como si ya no importáramos.
Y yo, como Abuelo, como mayor y como ciudadano, digo basta.
No queremos más cuidados sin mirada.
Queremos respeto, participación y voz.