Atender y cuidar personas mayores en el domicilio arrastra un problema cultural profundo: muchas familias continúan entendiendo el servicio como la contratación de “una asistenta”. Un término heredado, cargado de informalidad y que nada tiene que ver con la realidad profesional, técnica y ética del trabajo que hoy realizan las gerocultoras.
Esto tiene consecuencias sobre la calidad del servicio, la dignidad profesional y, sobre todo, la seguridad de las personas mayores.
🔍 Cuando la dependencia se valora… pero el rol profesional se desdibuja incluso cuando el servicio llega a través de una empresa acreditada por la valoración de dependencia, se repite un patrón:
la familia exige tareas impropias de una gerocultora:
- Distorsiona el objetivo del servicio, que es atender necesidades de cuidado, no suplir tareas domésticas.
- Desprofesionaliza el rol, alimentando la idea de que “cualquiera puede hacerlo”.
- Pone en riesgo a la persona mayor, porque desvía tiempo y atención de actividades esenciales: movilizaciones seguras, higiene, prevención de úlceras, estimulación cognitiva, acompañamiento emocional…
No es un capricho: es una cuestión de responsabilidad y de derechos.
🔊 La gerocultora no es una asistenta. Es una profesional sociosanitaria y está formada para:
- Detectar cambios en el estado de salud.
- Aplicar técnicas de movilización.
- Prevenir riesgos.
- Acompañar emocionalmente y fomentar la autonomía.
- Coordinarse con equipos profesionales.
¿Se le pide a un fisioterapeuta que planche o a un enfermero que haga la compra semanal?.
Urgente: Cambiar la cultura del cuidado
Criticar sin proponer no transforma. Aquí van alternativas aplicables:
1️⃣ Explicar desde el minuto cero qué incluye (y qué no) el servicio
Las empresas deben entregar información clara. No basta con un contrato: hace falta pedagogía.
2️⃣ Crear un “Plan de Intervención Familiar”
Un documento sencillo que detalle objetivos, límites y responsabilidades. Ayuda a alinear expectativas y evita conflictos.
3️⃣ Ofrecer servicios complementarios de limpieza o apoyo doméstico
Si la familia necesita tareas del hogar, debe poder contratarlas… pero sin mezclar roles.
4️⃣ Formar a las familias en cultura del cuidado. La dependencia no solo se gestiona: se aprende.
5️⃣ Empoderar a las gerocultoras para decir “esto no forma parte del servicio”
Con respaldo institucional.
6️⃣ Visibilizar el valor profesional del cuidado: necesitamos cambiar el relato social. El cuidado es un trabajo técnico, esencial y digno.
Cuidar bien empieza por reconocer a quienes cuidan
El futuro del cuidado pasa por abandonar el concepto de “asistenta” y abrazar una visión profesional, respetuosa y moderna del sector.
Las gerocultoras no solo sostienen la autonomía de miles de personas mayores: sostienen también la dignidad del sistema de cuidados.
Reconocer su rol es una obligación ética.
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