La creación de Isemia por parte de emeis (una sociedad inmobiliaria que gestionará más de 1.200 millones en activos sociosanitarios con una rentabilidad del 6%) vuelve a encender una pregunta incómoda en nuestro sector: ¿estamos ante un negocio de cuidados… o ante un negocio inmobiliario con residencias dentro?
Cuidar personas o rentabilizar ladrillo: el debate que vuelve a la mesaLa noticia no es menor. El grupo emeis, uno de los gigantes europeos del cuidado, ha formalizado Isemia, una estructura inmobiliaria que no solo ordena sus activos, sino que además inyecta liquidez, reduce deuda y asegura retornos del 6%. Una operación celebrada por los mercados —sus acciones subieron un 9,4% tras el anuncio— y que evidencia dónde se genera realmente el margen en este sector.
Mientras tanto, en España, los grandes operadores llevan años denunciando la baja rentabilidad de los conciertos públicos, los precios congelados y la presión creciente sobre los costes laborales y de calidad. Y tienen razón: el modelo de financiación pública está tensionado, es rígido y no acompasa la realidad del coste del cuidado.
Pero esta noticia introduce un matiz que conviene no pasar por alto.
La rentabilidad no está (solo) en el cuidado: está en el activoLa operación de emeis confirma algo que muchos profesionales del sector ya intuían:
La rentabilidad del negocio sociosanitario no se explica únicamente por la operación asistencial, sino por la gestión patrimonial asociada.
- Los márgenes asistenciales son estrechos.
- Los precios públicos están por debajo del coste real.
- La presión regulatoria y laboral aumenta.
- Pero… el valor del ladrillo sociosanitario crece, se revaloriza y genera retornos estables.
La creación de Isemia no es un gesto aislado: es una estrategia empresarial clara.
Y plantea una pregunta que incomoda, pero que debemos abordar con madurez profesional:
¿El sector está sufriendo por la baja rentabilidad… o está mezclando dos negocios distintos sin reconocerlo?

¿Negocio de cuidar o negocio inmobiliario?La respuesta, aunque ácida, es sencilla:
El negocio del cuidado es intensivo en personas, regulaciones y responsabilidad.
El negocio inmobiliario es intensivo en capital, patrimonialización y rentabilidad estable.Cuando ambos se mezclan bajo el mismo relato, se generan distorsiones:
- Se denuncia la baja rentabilidad del cuidado…
- …mientras se estructuran vehículos inmobiliarios que sí ofrecen retornos atractivos.
- Se reclama mayor financiación pública…
- …pero se capitaliza el valor del activo para reducir deuda y mejorar posición financiera.
No es incoherente. Es estrategia empresarial.
Pero conviene explicarlo con transparencia, especialmente cuando se participa en el debate público sobre la sostenibilidad del modelo.
Lo que esta noticia debería provocar en el sector1. Separar claramente los dos modelos de negocio
Cuidado ≠ Inmobiliario.
Ambos son legítimos, pero requieren métricas, riesgos y discursos distintos.
2. Revisar el relato sectorial
No se puede hablar solo de márgenes asistenciales sin reconocer el papel del patrimonio en la ecuación global.
3. Exigir financiación pública adecuada… con argumentos sólidos
La precariedad del precio concertado es real.
Pero la credibilidad del sector mejora cuando se distingue entre lo que pierde dinero y lo que lo gana.
4. Profesionalizar la gestión del activo
Si el inmobiliario es parte del modelo, debe gestionarse con transparencia, gobernanza y visión a largo plazo.
Conclusión: una oportunidad para hablar claroLa creación de Isemia no es una amenaza.
Es un espejo.
Un espejo que nos recuerda que el sector sociosanitario es complejo, híbrido y que combina dos lógicas económicas muy distintas.
Y que, si queremos un debate serio sobre sostenibilidad, financiación y calidad, debemos empezar por llamar a cada cosa por su nombre.
Porque cuidar personas es un deber social.
Y gestionar patrimonio es un negocio legítimo.
Pero confundirlos debilita el discurso y enturbia la conversación pública.
Noticia en MarketScreener
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