En la atención a las personas mayores hablamos mucho de protocolos, ratios, formación, modelos de cuidados… pero muy poco de algo que, en el día a día, marca la diferencia entre un servicio digno y un servicio que se derrumba: el compañerismo.
Porque sí, podemos tener los mejores planes de movilización, las guías más actualizadas y los discursos más bonitos. Pero si entre profesionales no hay apoyo mutuo, respeto y coordinación real, el cuidado se resiente. Y lo nota quien menos debería notarlo: la persona mayor.
🔊 ¿Dónde se ve el compañerismo? En lo cotidiano.
- En la movilización que se hace entre dos porque “así es más seguro”, aunque uno vaya con prisa.
- En el gesto de avisar a un compañero cuando ves que está saturado.
- En cubrir una necesidad de un residente aunque “no sea tu planta”.
- En el buen trato que se multiplica cuando el ambiente laboral no es hostil.
- En la comunicación clara para evitar errores, tensiones o duplicidades.
- En el simple “¿necesitas algo?” que evita una caída, una lesión o un mal momento.
📌 Cuando falta compañerismo, el riesgo aumenta.
Y no hablo solo de riesgos físicos —que también—, sino de riesgos emocionales, éticos y organizativos.
La falta de apoyo entre profesionales genera:
- Movilizaciones inseguras.
- Sobrecarga invisible.
- Malos gestos que no deberían existir.
- Ambientes tensos que se trasladan al residente.
- Equipos fragmentados que trabajan “cada uno a lo suyo”.
El cuidado no es individual: es colectivo.
Un gerocultor solo puede hacer mucho, pero un equipo cohesionado puede transformar un centro.
El compañerismo no es un “extra”: es una competencia profesional.
Es prevención.
Es calidad.
Es humanidad.
❓️La pregunta incómoda
¿Estamos fomentando espacios donde el compañerismo sea la norma… o donde cada uno sobrevive como puede?
🎯 Porque si queremos un sector más digno, más profesional y más humano, debemos empezar por lo básico: cuidarnos entre quienes cuidamos.
hashtag#culturadelenvejecimiento
Porque sí, podemos tener los mejores planes de movilización, las guías más actualizadas y los discursos más bonitos. Pero si entre profesionales no hay apoyo mutuo, respeto y coordinación real, el cuidado se resiente. Y lo nota quien menos debería notarlo: la persona mayor.
🔊 ¿Dónde se ve el compañerismo? En lo cotidiano.
- En la movilización que se hace entre dos porque “así es más seguro”, aunque uno vaya con prisa.
- En el gesto de avisar a un compañero cuando ves que está saturado.
- En cubrir una necesidad de un residente aunque “no sea tu planta”.
- En el buen trato que se multiplica cuando el ambiente laboral no es hostil.
- En la comunicación clara para evitar errores, tensiones o duplicidades.
- En el simple “¿necesitas algo?” que evita una caída, una lesión o un mal momento.
📌 Cuando falta compañerismo, el riesgo aumenta.
Y no hablo solo de riesgos físicos —que también—, sino de riesgos emocionales, éticos y organizativos.
La falta de apoyo entre profesionales genera:
- Movilizaciones inseguras.
- Sobrecarga invisible.
- Malos gestos que no deberían existir.
- Ambientes tensos que se trasladan al residente.
- Equipos fragmentados que trabajan “cada uno a lo suyo”.
El cuidado no es individual: es colectivo.
Un gerocultor solo puede hacer mucho, pero un equipo cohesionado puede transformar un centro.
El compañerismo no es un “extra”: es una competencia profesional.
Es prevención.
Es calidad.
Es humanidad.
❓️La pregunta incómoda
¿Estamos fomentando espacios donde el compañerismo sea la norma… o donde cada uno sobrevive como puede?
🎯 Porque si queremos un sector más digno, más profesional y más humano, debemos empezar por lo básico: cuidarnos entre quienes cuidamos.
hashtag#culturadelenvejecimiento

No hay comentarios:
Publicar un comentario