En el Sector de la Atención a Personas Mayores, la vocación es importante, pero no es suficiente.
Cuidar no significa sobreproteger, ni mucho menos infantilizar.
Cuidar bien es actuar con profesionalidad, respeto y límites claros.
Con demasiada frecuencia se confunde el trato cercano con un trato paternalista. Llamar “abuelito”, decidir por la persona sin consultarla o suavizar la realidad como si no pudiera comprenderla no es un gesto de cariño: es una forma de pérdida de dignidad.
Las personas mayores son adultas, con historia, criterio y derechos, aunque necesiten apoyo físico o cognitivo.
La profesionalidad en el cuidado implica reconocer esa adultez en todo momento. Significa:
-hablar con claridad, escuchar, explicar, consensuar y respetar ~entender que ayudar no es sustituir la voluntad del otro, sino acompañarla.
Otro riesgo habitual es la implicación personal excesiva. Cuando el profesional se convierte emocionalmente en “familia”, se diluyen los límites, se pierde objetividad y, sin darse cuenta, se generan dependencias poco saludables tanto para la persona atendida como para el cuidador. Esto no es humano ni sostenible.
El verdadero cuidado profesional se basa en tres pilares:
1-Respeto: tratar a la persona mayor como un igual, no como un niño.
2-Límites: implicarse sin confundirse, ayudar sin invadir.
3-Competencia: aplicar conocimientos, protocolos y ética, no solo buena intención.
La cercanía emocional no debe sustituir a la calidad profesional. Un buen cuidador no es quien más se apega, sino quien mejor protege la dignidad, la autonomía y el bienestar de la persona que acompaña.
Profesionalizar el cuidado no lo hace frío. Lo hace seguro, justo y verdaderamente humano.
👉 Cuidar con respeto es, en el fondo, la forma más alta de cariño.
hashtag#personascuidanpersonas
Cuidar no significa sobreproteger, ni mucho menos infantilizar.
Cuidar bien es actuar con profesionalidad, respeto y límites claros.
Con demasiada frecuencia se confunde el trato cercano con un trato paternalista. Llamar “abuelito”, decidir por la persona sin consultarla o suavizar la realidad como si no pudiera comprenderla no es un gesto de cariño: es una forma de pérdida de dignidad.
Las personas mayores son adultas, con historia, criterio y derechos, aunque necesiten apoyo físico o cognitivo.
La profesionalidad en el cuidado implica reconocer esa adultez en todo momento. Significa:
-hablar con claridad, escuchar, explicar, consensuar y respetar ~entender que ayudar no es sustituir la voluntad del otro, sino acompañarla.
Otro riesgo habitual es la implicación personal excesiva. Cuando el profesional se convierte emocionalmente en “familia”, se diluyen los límites, se pierde objetividad y, sin darse cuenta, se generan dependencias poco saludables tanto para la persona atendida como para el cuidador. Esto no es humano ni sostenible.
El verdadero cuidado profesional se basa en tres pilares:
1-Respeto: tratar a la persona mayor como un igual, no como un niño.
2-Límites: implicarse sin confundirse, ayudar sin invadir.
3-Competencia: aplicar conocimientos, protocolos y ética, no solo buena intención.
La cercanía emocional no debe sustituir a la calidad profesional. Un buen cuidador no es quien más se apega, sino quien mejor protege la dignidad, la autonomía y el bienestar de la persona que acompaña.
Profesionalizar el cuidado no lo hace frío. Lo hace seguro, justo y verdaderamente humano.
👉 Cuidar con respeto es, en el fondo, la forma más alta de cariño.
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