La reciente publicación de la Comunidad de Madrid, en la que se destaca una nota media de satisfacción de 8 puntos entre mayores y familias en las residencias públicas, llega en un momento especialmente sensible para el sector. Con un presupuesto declarado de 520 millones de euros y alrededor de 63.000 plazas, el mensaje institucional es claro: la inversión pública permite ofrecer mejores resultados y ratios de atención superiores a los exigidos por la normativa, situándose —según el artículo— en un 0,55.
Sin embargo, más allá de la lectura positiva, este tipo de comunicaciones abre un debate imprescindible: ¿qué entendemos por buena financiación y cómo se mide realmente la calidad del gasto en cuidados?
1. La financiación importa, pero importa aún más cómo se explica
El sector privado lleva años reclamando una actualización de precios públicos que permita sostener plantillas, mejorar ratios y garantizar condiciones laborales dignas. Cuando la administración afirma que con financiación pública se alcanzan mejores resultados, está reconociendo implícitamente algo que el sector viene denunciando desde hace tiempo:
sin recursos suficientes, no es posible ofrecer cuidados de calidad.
Pero para que este argumento sea honesto y útil, es imprescindible que la administración detalle:
- Cuánto se invierte realmente por plaza y por tipo de recurso.
No es lo mismo una residencia pública de gestión directa, una concertada o un centro de gestión externalizada.
- Qué incluye exactamente el presupuesto declarado.
¿Infraestructuras? ¿Personal? ¿Servicios complementarios? ¿Amortizaciones? ¿Costes indirectos?
- Cómo se calcula el ratio 0,55 y qué categorías profesionales incluye.
Un ratio global puede ocultar desequilibrios entre turnos, perfiles profesionales o unidades asistenciales.
Sin esta información, cualquier comparación entre modelos —público, concertado o privado— queda incompleta y, en ocasiones, sesgada.
2. Ratios: un número sin contexto puede ser un espejismo
El artículo afirma que el ratio de atención en las residencias públicas madrileñas es “muy superior al exigido por la normativa”. Pero el sector sabe que:
- La normativa española es antigua, insuficiente y heterogénea entre comunidades.
- Un ratio global no refleja la realidad de la atención directa.
- La calidad asistencial depende tanto del número de profesionales como de su estabilidad, formación, especialización y tiempos reales de dedicación.
Si la administración quiere liderar un debate serio sobre calidad, debería publicar:
- Ratios desglosados por categoría profesional.
- Distribución por turnos.
- Tiempos de atención directa por persona.
- Tasas de rotación y absentismo.
- Carga asistencial según perfiles de dependencia.
Sin estos datos, el ratio 0,55 es un titular, no un indicador.
3. Transparencia: la pieza que falta para un debate honesto
La transparencia no es un gesto político: es una herramienta de mejora del sistema.
Si la Comunidad de Madrid quiere demostrar que su modelo funciona, debería liderar un ejercicio de apertura de datos que incluya:
Datos económicos
- Coste real por plaza/día en cada tipo de recurso.
- Diferencias entre gestión directa, indirecta y concertada.
- Estructura de costes (personal, alimentación, mantenimiento, servicios clínicos, etc.).
Datos asistenciales
- Ratios reales por categoría profesional.
- Indicadores de calidad: úlceras, caídas, sujeciones, tiempos de respuesta, continuidad asistencial.
- Resultados de auditorías internas y externas.
Datos de satisfacción
- Metodología empleada.
- Tamaño y representatividad de la muestra.
- Preguntas utilizadas y márgenes de error.
Solo con esta información se puede evaluar con rigor si la inversión pública está generando el impacto esperado y, sobre todo, si es replicable en el resto del sistema.
4. El sector necesita un marco común, no discursos paralelos
Mientras el sector privado reclama financiación adecuada para sostener servicios esenciales, la administración publica mensajes que, sin contexto, pueden interpretarse como una comparación ventajosa del modelo público frente al privado.
Pero la realidad es más compleja:
- Todos los modelos conviven y son necesarios.
- Todos sufren la misma presión asistencial y laboral.
- Todos necesitan una actualización realista de precios y ratios.
La clave no es quién gestiona, sino con qué recursos, con qué estándares y con qué nivel de transparencia.
Conclusión: sin datos completos no hay política pública, solo narrativa
El artículo de la Comunidad de Madrid pone sobre la mesa un mensaje importante: la financiación adecuada mejora la calidad.
Pero si queremos avanzar hacia un sistema de cuidados sostenible, digno y profesionalizado, necesitamos algo más que titulares:
- Transparencia total en costes y ratios.
- Indicadores comparables entre modelos.
- Financiación suficiente y coherente para todos los recursos.
- Un marco regulatorio actualizado y basado en evidencia.
Solo así podremos hablar de calidad real, no de percepciones aisladas.

Cuidar personas o rentabilizar ladrillo: el debate que vuelve a la mesa
La rentabilidad no está (solo) en el cuidado: está en el activo
¿Negocio de cuidar o negocio inmobiliario?
El negocio del cuidado es intensivo en personas, regulaciones y responsabilidad.
Lo que esta noticia debería provocar en el sector
Conclusión: una oportunidad para hablar claro
🔍 ¿Por qué ocurre esto?
- Por precariedad estructural. El sistema público no cubre la demanda, y muchas familias no pueden pagar servicios profesionales.
- Por cultura asistencial heredada. Se asume que cuidar es “natural”, “femenino” y “doméstico”, no una profesión.
- Por informalidad normalizada. Más de 6 millones de personas cuidan sin cobrar en España.
- Por falta de visibilidad del sector. No hay campañas que dignifiquen el rol profesional ni que informen sobre derechos, riesgos y alternativas.
- Por miedo a institucionalizar. Se teme que profesionalizar implique frialdad, cuando en realidad permite calidad, seguridad y dignidad.
⚠️ Consecuencias:
- Cuidados inseguros, sin formación ni respaldo legal.
- Mujeres atrapadas en roles invisibles, sin cotización ni reconocimiento.
- Personas mayores atendidas sin garantías, sin seguimiento, sin prevención.
- Un sector que no despega porque no se le reconoce como tal.
💡 ¿Qué soluciones necesitamos?
- Campañas públicas que dignifiquen el cuidado profesional.
- Inversión en servicios domiciliarios y comunitarios accesibles.
- Formación gratuita y certificada para cuidadoras informales.
- Reconocimiento legal y laboral del rol cuidador.
- Cambio cultural: cuidar no es improvisar, es especializar.
👉 No basta con buscar “una señora que cuide”. Necesitamos un sistema que cuide.