En el trabajo domiciliario, se asume una enorme responsabilidad: acompañan, movilizan, administran rutinas básicas a una persona mayor en situación de fragilidad, y existe un aspecto que se pasa por alto y que puede marcar la diferencia entre un desempeño seguro o un problema legal serio: contar con una póliza de RC profesional.
Si trabajas sin contrato, de manera irregular o directamente contratado por la familia, la RC sigue existiendo. La ley no desaparece por la ausencia de un contrato formal.
¿Por qué es tan importante disponer de una póliza de RC?
En el domicilio, el profesional asume riesgos que pueden derivar en reclamaciones. La póliza actúa como un “paracaídas jurídico” que protege al trabajador frente a daños involuntarios causados a la persona atendida o a sus bienes.
No se trata de desconfianza: se trata de profesionalidad, prevención y seguridad jurídica.
Situaciones reales practicas en las que puedes verte comprometido/a:
1. Caídas durante movilizaciones o traslados
Puede producir fracturas, hospitalización o secuelas; reclamaciones por negligencia en la técnica supervisión.
2. Daños materiales en el domicilio
Rotura accidental de un objeto, daños en electrodomésticos, o incluso un pequeño incendio por un descuido en la cocina.
3. Errores en la administración de medicación pautada
Olvido, confusión o mala interpretación de una pauta puede derivar en un problema.
Incluso si la familia no dio instrucciones claras.
4. Agravamiento de una úlcera, herida o lesión por una mala praxis
La familia podría alegar falta de cuidados adecuados.
5. Acusaciones injustificadas
En ocasiones, ante un deterioro inesperado o un conflicto familiar, el profesional puede ser señalado sin fundamento.
La póliza no solo cubre daños, sino también defensa jurídica, algo esencial en estos casos.
6. Emergencias donde se cuestiona la actuación
Un atragantamiento, una crisis médica o una caída espontánea pueden generar dudas sobre si el profesional actuó correctamente.
¿Y si trabajo sin contrato o de manera irregular?
Aquí está el punto clave:
La RC existe siempre, independientemente de la situación laboral.
- Si no hay contrato, no hay empresa que te cubra.
- Si la familia no te da de alta, no tienes cobertura de accidentes ni de responsabilidad.
- Si trabajas por horas, por días o “en confianza”, sigues siendo responsable de tus actos profesionales.
Por eso, la póliza de RC es la única protección real que garantiza que un incidente no se convierta en un problema económico o legal devastador.
Profesionalizar el trabajo en domicilios empieza por protegerse
La atención domiciliaria es un ámbito vulnerable.
Una póliza de RC no es un lujo: es una herramienta ética, profesional y preventiva.
Protege a la persona mayor.
Protege a la familia.
Y, sobre todo, te protege a ti.
Si trabajas sin contrato, de manera irregular o directamente contratado por la familia, la RC sigue existiendo. La ley no desaparece por la ausencia de un contrato formal.
¿Por qué es tan importante disponer de una póliza de RC?
En el domicilio, el profesional asume riesgos que pueden derivar en reclamaciones. La póliza actúa como un “paracaídas jurídico” que protege al trabajador frente a daños involuntarios causados a la persona atendida o a sus bienes.
No se trata de desconfianza: se trata de profesionalidad, prevención y seguridad jurídica.
Situaciones reales practicas en las que puedes verte comprometido/a:
1. Caídas durante movilizaciones o traslados
Puede producir fracturas, hospitalización o secuelas; reclamaciones por negligencia en la técnica supervisión.
2. Daños materiales en el domicilio
Rotura accidental de un objeto, daños en electrodomésticos, o incluso un pequeño incendio por un descuido en la cocina.
3. Errores en la administración de medicación pautada
Olvido, confusión o mala interpretación de una pauta puede derivar en un problema.
Incluso si la familia no dio instrucciones claras.
4. Agravamiento de una úlcera, herida o lesión por una mala praxis
La familia podría alegar falta de cuidados adecuados.
5. Acusaciones injustificadas
En ocasiones, ante un deterioro inesperado o un conflicto familiar, el profesional puede ser señalado sin fundamento.
La póliza no solo cubre daños, sino también defensa jurídica, algo esencial en estos casos.
6. Emergencias donde se cuestiona la actuación
Un atragantamiento, una crisis médica o una caída espontánea pueden generar dudas sobre si el profesional actuó correctamente.
¿Y si trabajo sin contrato o de manera irregular?
Aquí está el punto clave:
La RC existe siempre, independientemente de la situación laboral.
- Si no hay contrato, no hay empresa que te cubra.
- Si la familia no te da de alta, no tienes cobertura de accidentes ni de responsabilidad.
- Si trabajas por horas, por días o “en confianza”, sigues siendo responsable de tus actos profesionales.
Por eso, la póliza de RC es la única protección real que garantiza que un incidente no se convierta en un problema económico o legal devastador.
Profesionalizar el trabajo en domicilios empieza por protegerse
La atención domiciliaria es un ámbito vulnerable.
Una póliza de RC no es un lujo: es una herramienta ética, profesional y preventiva.
Protege a la persona mayor.
Protege a la familia.
Y, sobre todo, te protege a ti.
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