Hablamos de ratios, protocolos, modelos de atención y grandes discursos sobre dignidad. Pero hay una realidad que rara vez ocupa titulares: las noches en las residencias. Ese turno silencioso, invisible, donde el personal sostiene (con muy poco) la vida cotidiana de decenas de personas mayores.
Hace unos días recibí un mensaje que resume, con crudeza y honestidad, lo que muchos profesionales viven:
❗️“Somos solo dos gerocultores para toda la residencia. La enfermera va a lo suyo. Yo sola llevo a 70 usuarios por noche. El trabajo se hace, claro que se hace, pero mantener a todos secos, cuidados y sin irritaciones implica no descansar. Y eso sin contar las eventualidades, que casi siempre las hay.”
Este testimonio no es una queja aislada. Es un espejo. Y lo que refleja debería incomodarnos.
🌒 La paradoja del turno de noche
Durante el día, los equipos se multiplican: más manos, más ojos, más apoyo.
Durante la noche, en cambio, la responsabilidad se concentra en muy pocas personas, como si las necesidades humanas se redujeran al caer el sol.
La dependencia no duerme.
La incontinencia no duerme.
La fragilidad no duerme.
Las emergencias no duermen.
Y aun así, pedimos a dos gerocultores que sostengan lo que en el día requiere equipos completos.
🌘 ¿Qué implica realmente cuidar a 70 personas con dos profesionales?
- Implica correr en lugar de acompañar.
- Implica resolver en lugar de prevenir.
- Implica priorizar lo urgente sobre lo importante.
- Implica que el descanso del profesional desaparece.
- Implica que la dignidad del usuario depende del heroísmo del trabajador, no de un sistema bien diseñado.
Y cuando un sistema depende del heroísmo, no es un sistema: es una precariedad organizada.
🌑 La noche también merece un modelo de cuidados digno
Si durante el día se reconoce la necesidad de dividir usuarios entre varios gerocultores, ¿por qué en la noche se acepta lo contrario?
La lógica asistencial no cambia con la luz.
La dignidad tampoco.
Un ratio razonable (como propone la profesional que escribió) sería al menos cuatro gerocultores por noche en residencias con 140 usuarios. No para “estar más cómodos”, sino para garantizar:
- Cambios posturales adecuados
- Higienes sin prisas
- Prevención de lesiones
- Atención emocional mínima
- Respuesta rápida ante emergencias
- Descansos reales para el personal
Porque un profesional agotado no puede ofrecer un cuidado seguro.
Y un usuario no debería depender del azar de una noche tranquila.
🔊 Reconocer el problema es el primer paso para transformarlo
Este sector necesita valentía para decir lo que incomoda.
Necesita profesionales que hablen.
Necesita gestores que escuchen.
Y necesita políticas que entiendan que la calidad no se declara: se dota.
La noche no puede seguir siendo el turno olvidado.
Es hora de iluminarla.
Hace unos días recibí un mensaje que resume, con crudeza y honestidad, lo que muchos profesionales viven:
❗️“Somos solo dos gerocultores para toda la residencia. La enfermera va a lo suyo. Yo sola llevo a 70 usuarios por noche. El trabajo se hace, claro que se hace, pero mantener a todos secos, cuidados y sin irritaciones implica no descansar. Y eso sin contar las eventualidades, que casi siempre las hay.”
Este testimonio no es una queja aislada. Es un espejo. Y lo que refleja debería incomodarnos.
🌒 La paradoja del turno de noche
Durante el día, los equipos se multiplican: más manos, más ojos, más apoyo.
Durante la noche, en cambio, la responsabilidad se concentra en muy pocas personas, como si las necesidades humanas se redujeran al caer el sol.
La dependencia no duerme.
La incontinencia no duerme.
La fragilidad no duerme.
Las emergencias no duermen.
Y aun así, pedimos a dos gerocultores que sostengan lo que en el día requiere equipos completos.
🌘 ¿Qué implica realmente cuidar a 70 personas con dos profesionales?
- Implica correr en lugar de acompañar.
- Implica resolver en lugar de prevenir.
- Implica priorizar lo urgente sobre lo importante.
- Implica que el descanso del profesional desaparece.
- Implica que la dignidad del usuario depende del heroísmo del trabajador, no de un sistema bien diseñado.
Y cuando un sistema depende del heroísmo, no es un sistema: es una precariedad organizada.
🌑 La noche también merece un modelo de cuidados digno
Si durante el día se reconoce la necesidad de dividir usuarios entre varios gerocultores, ¿por qué en la noche se acepta lo contrario?
La lógica asistencial no cambia con la luz.
La dignidad tampoco.
Un ratio razonable (como propone la profesional que escribió) sería al menos cuatro gerocultores por noche en residencias con 140 usuarios. No para “estar más cómodos”, sino para garantizar:
- Cambios posturales adecuados
- Higienes sin prisas
- Prevención de lesiones
- Atención emocional mínima
- Respuesta rápida ante emergencias
- Descansos reales para el personal
Porque un profesional agotado no puede ofrecer un cuidado seguro.
Y un usuario no debería depender del azar de una noche tranquila.
🔊 Reconocer el problema es el primer paso para transformarlo
Este sector necesita valentía para decir lo que incomoda.
Necesita profesionales que hablen.
Necesita gestores que escuchen.
Y necesita políticas que entiendan que la calidad no se declara: se dota.
La noche no puede seguir siendo el turno olvidado.
Es hora de iluminarla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario