Crónica de hashtagelabueloinfiltrado | Participar en lo que somos El problema de la voz

Aquella mañana, El Abuelo volvió a la cafetería con Luis, como tantas otras veces. El café no era lo importante; lo importante era lo que se decía sin pretender sentar cátedra.

En la mesa de al lado, una conversación repetía un patrón conocido: hablar sobre las personas mayores, pero no con ellas.
“Hay que hacer algo por los mayores”, decía alguien.
“Necesitan más apoyo”, respondía otro.
“Se sienten solos”, añadía una tercera voz.

El Abuelo escuchaba en silencio.
Luis, en cambio, no pudo evitarlo:
—¿Te das cuenta? Siempre hablamos de ellos como si no estuvieran aquí.
El problema no era la intención. Era la posición desde la que se hablaba.

La voz como frontera invisible
En la mayoría de los debates sociales ocurre lo mismo:
las personas mayores aparecen como tema, pero no como interlocutores.
Se diseñan soluciones, estrategias, programas, discursos…
pero rara vez se les pregunta a quienes viven esa realidad.
Y cuando se les escucha, muchas veces es en formato simbólico, no estructural.

El desplazamiento silencioso
Con el paso del tiempo, la sociedad ha ido creando una frontera invisible:
quien decide
y quien es objeto de decisión
En esa frontera, la voz deja de ser simétrica.
No se trata de excluir de forma explícita.
Se trata de algo más sutil: hablar en lugar de escuchar.

El resultado
Cuando una parte de la sociedad pierde capacidad real de voz:
se simplifican sus necesidades
se generalizan sus problemas
se diseñan soluciones externas
se pierde la experiencia como conocimiento útil
Y, sin embargo, hablamos de participación, inclusión y envejecimiento activo.

El punto que nadie cuestiona
Luis lo resumió mientras pagaban el café:
—El problema no es que no tengan voz. Es que hemos dejado de escucharla como si fuera necesaria.
El Abuelo asintió.
Porque no se trata de dar voz.
Se trata de reconocerla.
Participar en lo que somos
Una sociedad no se mide solo por cómo cuida a sus mayores,
sino por cómo los integra en las decisiones que les afectan.

Participar no es un gesto.
Es un lugar.
Y si ese lugar se vacía, no es por falta de personas.
Es por falta de espacio real.

Lo que queda después del café
Quizá el problema no es que las personas mayores no hablen.
Quizá el problema es que hemos aprendido a hablar del mundo
como si una parte del mundo no estuviera escuchando.
Y cuando eso ocurre, no es solo su voz la que se pierde.
Es la de todos.

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