En el Congreso español la edad media ronda los cincuenta años. Es un dato neutro, pero esconde una realidad que deberíamos mirar con más ambición: los extremos casi no existen.
Apenas una veintena de diputados supera los 65 años y menos de una decena no llega a los 30. Entre ambos mundos (la veteranía y la juventud) hay un vacío que no nos podemos permitir.
Porque los desafíos que vienen no distinguen edad: sostenibilidad, salud, tecnología, convivencia, cuidados, digitalización. Y sin embargo, la representación sí lo hace.
Más de 9,6 millones de personas mayores de 65 años apenas tienen voz directa en el hemiciclo. Y los jóvenes, que deberían estar empujando la agenda del futuro, siguen siendo una minoría simbólica.
Pero esta no es una crítica. Es una oportunidsd.
La política necesita todas las edades. Los jóvenes aportan impulso, lenguaje nuevo, inconformismo y visión digital. Los mayores aportan memoria, serenidad, perspectiva y un tipo de inteligencia que solo da el tiempo. Cuando ambos se sientan en la misma mesa, el país se vuelve más sabio y más rápido a la vez.Imaginemos un Congreso donde una diputada de 72 años que vivió la primera reconversión industrial debate con un joven de 28 que entiende la transición ecológica como un deber generacional. Donde la innovación tecnológica se cruza con la ética del cuidado. Donde la palabra “futuro” no excluye a nadie.La participación intergeneracional no es solo justicia demográfica: es estrategia de país.
Los jóvenes necesitan referentes que les enseñen a construir sin destruir.
Los mayores necesitan espacios donde seguir influyendo sin paternalismo.
Y España necesita que ambos trabajen juntos.El reto no es rejuvenecer el Congreso, sino rejuvenecer la mirada colectiva.
Que la experiencia no se jubile.
Que la juventud no se impaciente.
Que el futuro se construya con todas las edades, porque ninguna sobra y todas suman.
Quizá ahí esté la verdadera infiltración: no la del Abuelo en las instituciones, sino la de una idea sencilla y poderosa.
El futuro será intergeneracional o no será.

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