Cronica de elabuelofinfiltrado Cuando la pasión no entiende de jubilaciones


A Manuel le brillan los ojos cuando habla de aviones. A sus 76 años, con algunos achaques propios de la edad y una movilidad que ya no es la de antes, sigue siendo imposible no contagiarse de su entusiasmo. Pasó toda su vida profesional en Iberia, en el área de mantenimiento, cuidando de esas máquinas que para muchos son simples medios de transporte, pero que para él siempre fueron criaturas vivas, complejas y fascinantes.

Lo curioso es que, tras jubilarse, lejos de desconectar, Manuel encontró en su pasión un nuevo motor. Miles de fotografías, artículos en revistas especializadas, visitas a aeródromos dentro y fuera de España, horas y horas de lectura técnica… Su jubilación no fue un final, sino una ampliación de pista. Y eso dice mucho de él, pero también plantea una reflexión interesante sobre cómo aprovechamos —o desaprovechamos— el talento de personas como Manuel.

Porque, ¿no habría sido maravilloso que pudiera seguir colaborando unas horas a la semana, manteniendo el 100% de su jubilación y aportando su experiencia, su conocimiento y, sobre todo, su entusiasmo? No se trata de volver al ritmo de antes, ni de cargar responsabilidades pesadas, sino de permitir que quienes quieren seguir contribuyendo puedan hacerlo sin trabas. Personas que, como Manuel, no solo saben muchísimo, sino que además disfrutan compartiéndolo.

La aviación es un sector donde la experiencia es oro. Hay detalles que no aparecen en manuales, intuiciones que solo se adquieren tras décadas de trabajo, miradas que detectan lo que otros pasarían por alto. Manuel posee todo eso. Y lo más valioso: lo mantiene vivo, actualizado, curioso. Es difícil imaginar un perfil más útil para mentorizar, asesorar, revisar, acompañar o simplemente transmitir cultura técnica.

La sociedad suele hablar de envejecimiento como un problema, pero historias como la de Manuel recuerdan que también es una oportunidad. Una oportunidad para repensar modelos laborales más flexibles, para valorar la sabiduría acumulada, para permitir que la pasión siga teniendo un espacio incluso cuando el calendario dice que “ya toca retirarse”.

Quizá algún día normalicemos que alguien pueda jubilarse al 100% y, si lo desea, seguir aportando unas horas a la semana sin perder derechos ni beneficios. No por necesidad, sino por vocación. Porque hay personas que, como Manuel, no entienden la vida sin seguir aprendiendo, compartiendo y sintiéndose parte de aquello que aman.

Y la verdad es que sería difícil encontrar un argumento en contra de aprovechar un talento así.

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