¿Cómo hablar de sexo? ¿Cómo mantener la intimidad? ¿Cómo abordarlo con las familias?
Hablamos sin problema de caídas, úlceras, dietas, escalas de dependencia, protocolos de higiene ... pero cuando aparece la palabra sexualidad, el ambiente se tensa. Como si fuera un tema ajeno a la vida cotidiana de las personas mayores.
La sexualidad es parte de la salud, igual que la movilidad, la alimentación .... negarla no la elimina; solo la empuja a la clandestinidad.
Por qué cuesta tanto hablar de esto
Tres inercias culturales:
- Infantilización: tratamos a las personas mayores como si no tuvieran deseos, límites o preferencias.
- Miedo al conflicto: tememos la reacción de las familias, como si la intimidad fuera negociable.
- Falta de formación: el personal sabe manejar una grúa, pero no siempre sabe acompañar una conversación sobre intimidad.
El resultado es un silencio institucional que deja a residentes, familias y profesionales sin herramientas.
La solución: normalizar
Avancemos hacia una atención verdaderamente centrada en la persona, necesitamos integrar la sexualidad en el mismo nivel que cualquier otra dimensión del bienestar. Esto implica tres:
1. Un protocolo básico de acompañamiento
No para vigilar, sino para garantizar derechos.
Un protocolo que incluya:
- Cómo abrir conversaciones sobre intimidad de forma respetuosa.
- Cómo acompañar deseos, límites y preferencias sin juicios.
- Cómo actuar ante relaciones consentidas entre residentes.
- Cómo proteger la privacidad en habitaciones, baños y espacios compartidos.
- Cómo gestionar situaciones de incomodidad o falta de consentimiento.
2. Formación específica al personal
Breve, práctica y orientada a la realidad del día a día:
- Comunicación respetuosa sobre sexualidad.
- Cambios fisiológicos y emocionales en la vejez.
- Manejo de conversaciones con familias.
- Detección de situaciones de vulnerabilidad.
- Promoción de la intimidad como parte del bienestar.
No se trata de convertir a nadie en especialista, sino de dar seguridad y lenguaje.
3. Incluir la dimensión sexual en el historial personal
Si registramos gustos alimentarios, rutinas de sueño, miedos, aficiones y creencias, ¿por qué no registrar también cómo vive la persona su intimidad?
No para invadir, sino para respetar.
No para exponer, sino para acompañar.
No para decidir por ella, sino para que sus decisiones tengan espacio.
Un cierre necesario
Hablar de sexualidad en la vejez no es una provocación.
Es un acto de madurez profesional.
Es reconocer que la vida no se detiene a los 70, ni a los 80, ni a los 90.
Si queremos residencias que cuiden de verdad, debemos atrevernos a mirar este tema de frente.
Porque la dignidad también se expresa en el derecho a sentir, desear y elegir.

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