En la mayoría de sectores económicos es habitual que los puestos directivos estén ocupados por profesionales cuya formación de origen no coincide con la actividad principal de la empresa. Ingeniería, derecho, economía, comunicación, marketing… los perfiles se mezclan y se complementan. Y funciona. De hecho, es una de las claves de la profesionalización y la innovación.
Sin embargo, en la atención y cuidado de personas mayores seguimos anclados en una idea restrictiva:
solo se puede dirigir un centro si se proviene del ámbito social o sanitario.
Incluso los modelos de inspección de algunas Comunidades Autónomas exigen acreditaciones específicas para ejercer la dirección, como si gestionar un servicio complejo dependiera únicamente de la titulación de origen.
Esta visión, aunque bien intencionada, limita más de lo que protege.
❓ ¿Qué ganaría el sector si normalizara la diversidad de perfiles directivos, como ocurre en cualquier otra actividad empresarial?
- Profesionalización real de la gestión, incorporando competencias en estrategia, finanzas, liderazgo, innovación o experiencia de cliente.
- Miradas complementarias que enriquecen la toma de decisiones y permiten abordar los retos desde múltiples ángulos.
- Mayor capacidad de adaptación ante un entorno que exige digitalización, eficiencia operativa y modelos de atención más personalizados.
- Atracción de talento que hoy ni siquiera contempla el sector como una opción profesional.
- Impulso a la innovación, porque la diversidad formativa es un motor natural de nuevas ideas.
🔍 El cuidado de las personas mayores es una actividad profundamente humana, pero también es una actividad organizativa, estratégica y empresarial. Y como tal, necesita abrirse a perfiles diversos que aporten valor desde disciplinas distintas.
Normalizar esto no resta calidad asistencial. Al contrario:
la refuerza, la ordena y la proyecta hacia el futuro.
Quizá ha llegado el momento de preguntarnos si las barreras actuales protegen… o simplemente frenan.
Sin embargo, en la atención y cuidado de personas mayores seguimos anclados en una idea restrictiva:
solo se puede dirigir un centro si se proviene del ámbito social o sanitario.
Incluso los modelos de inspección de algunas Comunidades Autónomas exigen acreditaciones específicas para ejercer la dirección, como si gestionar un servicio complejo dependiera únicamente de la titulación de origen.
Esta visión, aunque bien intencionada, limita más de lo que protege.
❓ ¿Qué ganaría el sector si normalizara la diversidad de perfiles directivos, como ocurre en cualquier otra actividad empresarial?
- Profesionalización real de la gestión, incorporando competencias en estrategia, finanzas, liderazgo, innovación o experiencia de cliente.
- Miradas complementarias que enriquecen la toma de decisiones y permiten abordar los retos desde múltiples ángulos.
- Mayor capacidad de adaptación ante un entorno que exige digitalización, eficiencia operativa y modelos de atención más personalizados.
- Atracción de talento que hoy ni siquiera contempla el sector como una opción profesional.
- Impulso a la innovación, porque la diversidad formativa es un motor natural de nuevas ideas.
🔍 El cuidado de las personas mayores es una actividad profundamente humana, pero también es una actividad organizativa, estratégica y empresarial. Y como tal, necesita abrirse a perfiles diversos que aporten valor desde disciplinas distintas.
Normalizar esto no resta calidad asistencial. Al contrario:
la refuerza, la ordena y la proyecta hacia el futuro.
Quizá ha llegado el momento de preguntarnos si las barreras actuales protegen… o simplemente frenan.
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