Crónica de elabueloinfiltrado “Carta a los Directores/as, ¿quién cuida a los que cuidan?”


Inspirado en hechos reales. Cualquier coincidencia con empresas, personas vivas o muertas es mera coincidencia.

Hay cartas que no se escriben con tinta, sino con rabia. Y esta, publicada por una profesional en LinkedIn, es una de ellas. No es una denuncia: es una radiografía sin anestesia de lo que muchos ya sabemos y pocos se atreven a decir. Porque en el geriátrico, el silencio no es oro: es complicidad.

La autora no se anda con rodeos. Habla de ratios ilegales, chantajes laborales, horarios que harían llorar al mismísimo Kafka. Y todo esto, ¿para qué? Para sostener un modelo que exprime a los trabajadores como limones y deja a los mayores como espectadores de su propio abandono.

¿Y la Administración? Bien, gracias. Sabe lo que pasa, pero prefiere mirar hacia otro lado. Total, los mayores no votan en masa, y los cuidadores están demasiado agotados para organizar barricadas.

El dato que lanza la carta es demoledor: en 2050 habrá más personas mayores de 60 años que niños. ¿Y qué estamos haciendo para prepararnos? ¿Formar profesionales? ¿Blindar derechos? No. Estamos normalizando que una auxiliar trabaje enferma, que cobre menos que el gasoil que necesita para llegar al centro, que se le despida por pedir una baja médica.

Y aquí viene el giro final, digno de El Abuelo Infiltrado: “Le deseo que usted sea beneficiario de una residencia como la que usted gestionó.” No es venganza. Es justicia poética. Porque todos, incluso los que hoy firman contratos indignos, acabarán en una cama que alguien tendrá que limpiar.

Así que, señores directores, antes de mirar los balances, miren a los ojos de sus trabajadores. Y pregúntense: ¿quién cuida a los que cuidan?

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