Hay algo verdaderamente admirable en el Sector de Atención y Cuidados: la capacidad infinita de algunos grupos residenciales para felicitarse a sí mismos. Es un talento. Un arte. Una disciplina olímpica.
Cada semana aparece un nuevo artículo celebrando “la excelencia del modelo”, “el compromiso con las personas mayores”, “la innovación centrada en la persona” y otras expresiones que, si se midieran en kilovatios, podrían abastecer a media ciudad.
Mientras tanto, en la realidad paralela (esa que no sale en las notas de prensa) los/as Profesionales del Sector cuentan historias muy distintas. Historias que no suelen encajar bien en los carruseles corporativos, quizá porque hablar de ratios imposibles, cargas de trabajo inasumibles o falta de recursos no queda tan bien como una foto de manos entrelazadas sobre un fondo beige.
El milagro de la excelencia autoproclamada
Lo fascinante es que, según estos artículos, todo funciona a la perfección. Las residencias son espacios idílicos donde la innovación brota como flores en primavera y donde cada residente vive una experiencia casi espiritual.
Y uno no puede evitar preguntarse:
¿En qué universo paralelo ocurre todo esto?
Porque en el universo que conocemos quienes trabajan o han trabajado cerca del terreno, la narrativa es otra. Y no la cuentan los departamentos de comunicación, sino los empleados y empleadas que sostienen el sistema con su espalda, su vocación y, a veces, su paciencia infinita.
La versión que nunca llega a publicarse
Esa versión habla de:
- Turnos eternos.
- Plantillas insuficientes.
- Procesos que se “innovan” solo en PowerPoint.
- Recursos que brillan por su ausencia.
- Y una presión asistencial que no cabe en ningún eslogan.
Pero claro, eso no genera “engagement”.
La magia del relato corporativo
Lo más curioso es que, si uno se guiara solo por los artículos de autopromoción, pensaría que los grupos residenciales han alcanzado un nivel de excelencia tan elevado que pronto necesitarán un telescopio para verse desde la realidad.
Porque la realidad —la de verdad— es la que cuentan quienes están dentro:
los que ven, los que viven, los que sostienen.
Y esa realidad no suele venir acompañada de fotos profesionales ni frases inspiradoras.
Quizá va siendo hora…
De que el sector deje de invertir tanto en relatos y empiece a invertir más en condiciones.
De que la excelencia deje de ser un eslogan y empiece a ser un hecho.
De que la innovación deje de ser un titular y empiece a ser una práctica.
De que la calidad deje de medirse en publicaciones y empiece a medirse en vidas.
Mientras tanto, seguiremos leyendo artículos maravillosos sobre lo magnífico que es todo.
Y seguiremos escuchando, en voz baja, lo que realmente ocurre.
Porque en este sector, como en tantos otros, la verdad no suele estar en los discursos.
Suele estar en los pasillos.
Cada semana aparece un nuevo artículo celebrando “la excelencia del modelo”, “el compromiso con las personas mayores”, “la innovación centrada en la persona” y otras expresiones que, si se midieran en kilovatios, podrían abastecer a media ciudad.
Mientras tanto, en la realidad paralela (esa que no sale en las notas de prensa) los/as Profesionales del Sector cuentan historias muy distintas. Historias que no suelen encajar bien en los carruseles corporativos, quizá porque hablar de ratios imposibles, cargas de trabajo inasumibles o falta de recursos no queda tan bien como una foto de manos entrelazadas sobre un fondo beige.
El milagro de la excelencia autoproclamada
Lo fascinante es que, según estos artículos, todo funciona a la perfección. Las residencias son espacios idílicos donde la innovación brota como flores en primavera y donde cada residente vive una experiencia casi espiritual.
Y uno no puede evitar preguntarse:
¿En qué universo paralelo ocurre todo esto?
Porque en el universo que conocemos quienes trabajan o han trabajado cerca del terreno, la narrativa es otra. Y no la cuentan los departamentos de comunicación, sino los empleados y empleadas que sostienen el sistema con su espalda, su vocación y, a veces, su paciencia infinita.
La versión que nunca llega a publicarse
Esa versión habla de:
- Turnos eternos.
- Plantillas insuficientes.
- Procesos que se “innovan” solo en PowerPoint.
- Recursos que brillan por su ausencia.
- Y una presión asistencial que no cabe en ningún eslogan.
Pero claro, eso no genera “engagement”.
La magia del relato corporativo
Lo más curioso es que, si uno se guiara solo por los artículos de autopromoción, pensaría que los grupos residenciales han alcanzado un nivel de excelencia tan elevado que pronto necesitarán un telescopio para verse desde la realidad.
Porque la realidad —la de verdad— es la que cuentan quienes están dentro:
los que ven, los que viven, los que sostienen.
Y esa realidad no suele venir acompañada de fotos profesionales ni frases inspiradoras.
Quizá va siendo hora…
De que el sector deje de invertir tanto en relatos y empiece a invertir más en condiciones.
De que la excelencia deje de ser un eslogan y empiece a ser un hecho.
De que la innovación deje de ser un titular y empiece a ser una práctica.
De que la calidad deje de medirse en publicaciones y empiece a medirse en vidas.
Mientras tanto, seguiremos leyendo artículos maravillosos sobre lo magnífico que es todo.
Y seguiremos escuchando, en voz baja, lo que realmente ocurre.
Porque en este sector, como en tantos otros, la verdad no suele estar en los discursos.
Suele estar en los pasillos.
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