Hoy calor nos refugiamos en la cafetería de siempre.
Luis venía con un papel. Abuelo, ¿tú sabes que una directora de residencia cobra menos que una responsable de Mercadona?
Lo dijo con esa indignación que le sube por la ceja izquierda.Yo me quedé quieto.
Porque una cosa es saber que el sector está mal pagado.
Y otra es ver la comparación escrita, desnuda, sin excusas.
La paradoja que nadie quiere mirar
Mercadona paga por encima de convenio, sí. Y lo hace bien. Reconoce responsabilidad, esfuerzo y liderazgo.
Pero aquí está el punto que Luis dejó caer sobre la mesa como una piedra:
¿Cómo puede ser que dirigir una residencia (con vidas, familias, emergencias, duelo y responsabilidad civil) esté remunerado por debajo de la gestión de un supermercado?
No es una crítica a Mercadona.
Es una crítica a nosotros, al sistema, al sector, a la incoherencia estructural que llevamos décadas normalizando.
La directora que sostiene un mundo entero
Una directora gestiona un equipo y ...
-fragilidad humana.
-la muerte.
-el miedo de las familias.
-conflictos que pueden acabar en denuncias, titulares o infamias.
-protocolos, inspecciones, emergencias, ratios imposibles y noches sin dormir.
Y además, se le exige formación reglada, liderazgo emocional, capacidad jurídica, visión asistencial, habilidades de comunicación, resiliencia y una piel que aguante tormentas que otros sectores ni imaginan.
Luis lo resumió mejor que yo:
—es que tienen que ser de acero.
El absurdo salarial del sector que cuida
Mientras tanto, el convenio marca salarios que no solo son bajos:
son un insulto a la responsabilidad real del puesto.
Que una directora cobre menos que una responsable de supermercado no es una anécdota.
Es un síntoma.
Es la prueba de que el sector del cuidado sigue atrapado en una lógica medieval: vocación sí, reconocimiento no.Y así no se sostiene nada.
Ni la calidad.
Ni la estabilidad.
Ni el talento.
Ni la dignidad profesional.
El Abuelo, mirando a Luis, lo dijo claro
—Luis, el puesto de dirección debería estar entre los mejor pagados de cualquier sector.
Porque no hay actividad económica que gestione más riesgo humano, más impacto emocional y más responsabilidad moral que una residencia.
Si queremos directores capaces, formados, estables, valientes, éticos y resistentes, hay que pagarles como lo que son: el pilar que sostiene la vida de cientos de personas. Y si no lo hacemos, seguiremos viendo lo mismo:
rotación, desgaste, miedo, precariedad y un sector que exige excelencia mientras paga supervivencia.
La conclusión, dura pero necesaria
El reconocimiento del puesto de dirección no es un capricho.
Es una urgencia.
Es una deuda.
Es una cuestión de justicia profesional y de seguridad asistencial.
Porque cuando un país paga mejor la gestión de un lineal de yogures que la gestión de la vida de sus mayores, el problema no es el supermercado.
El problema es el país.

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