Hoy el Abuelo, Luis y Juan se han ido al parque.
Un paseo tranquilo, sin expectativas… hasta que la vida decidió recordarles algo esencial: la infancia nunca se pierde, solo se esconde.
Estaban sentados en un banco, observando cómo unos chavales de unos doce años jugaban al fútbol con esa mezcla de torpeza y genialidad que solo existe cuando aún no sabes que el mundo te va a pedir ser adulto.
Juan, que siempre tiene una chispa encendida, murmuró:
“No hay que perder nunca el espíritu de seguir siendo niños.”
Y no lo dijo para quedar bien.
Lo dijo para levantarse.
Se acercó a los chavales y soltó un simple:
—Pásame la pelota.
Los chicos, sin prejuicios ni protocolos, se la pasaron.
Y Juan empezó a jugar como si el tiempo fuera reversible.
El Abuelo y Luis, contagiados por esa valentía tan infantil y tan necesaria, se levantaron también:
—¡Ehh, pásanos a nosotros!
Y allí estaban: tres veteranos infiltrados en un partido improvisado, riendo, fallando pases, celebrando goles imaginarios.
Durante unos minutos, el parque dejó de ser un parque y se convirtió en un puente entre generaciones.
Cuando terminó el partido, los tres se quedaron un momento en silencio.
No por cansancio, sino porque algo se había removido:
los veranos de barrio, los balones desinflados, las calles como estadios, las amistades que nacían sin presentaciones ni formalidades.
Recordaron quiénes habían sido… y descubrieron que aún seguían siendo esa versión.
Volvieron a la residencia contando anécdotas como si hubieran ocurrido ayer.
Y lo hicieron con una energía que no proviene de la edad, sino de la osadía de seguir jugando.
Porque envejecer no significa renunciar.
No significa quedarse en el banco.
No significa aceptar que la vida ya no tiene sorpresas.
A veces, envejecer es levantarse, pedir la pelota y demostrar que la infancia es un estado del alma, no una etapa del calendario.
Quizá la verdadera participación de los mayores en la sociedad empiece ahí:
en recuperar espacios, en mezclarse con otras generaciones, en recordar que la alegría también es experiencia.
Que la vida sigue siendo un juego… y que ellos todavía están dentro del campo.

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