Crónica de elabueloinfiltrado “¿Y si un día soy yo?”

Luis llegó hoy al desayuno con los ojos rojos. No por alergia, ni por emoción. Por miedo.

No había dormido en toda la noche.

Se sentó, dejó el café intacto y soltó, sin rodeos: Abuelo… si algún día tengo deterioro cognitivo severo… ¿me cuidarían bien?

No era una pregunta médica. Era una pregunta existencial.
De esas que te atraviesan como un rayo porque no hablan del futuro, sino de la fragilidad que todos llevamos escondida.

Luis venía inquieto por un comentario que escuchó de una gerocultora. Nada de señalar lugares ni acusar a nadie; solo una frase suelta, dicha quizá con cansancio, quizá con frustración, quizá con esa mezcla de impotencia y prisa que a veces se cuela en los pasillos del cuidado:“
Hay personas con deterioro cognitivo que pasan horas sin cambiar el pañal. A quienes mejor tratamos es a los que no lo tienen.”

Luis se quedó helado.
Y hoy, al amanecer, esa frase seguía ahí, como una piedra en el pecho.
Yo respiré hondo. Porque a veces el humor del Abuelo no alcanza para amortiguar ciertos golpes.
Le dije: Luis, el problema no es el deterioro cognitivo. El problema es cuando el sistema olvida que detrás del deterioro hay una persona. Una historia. Una vida entera.

Luis bajó la mirada. Pero… ¿y si un día soy yo? ¿Y si ya no sé quién soy, ni dónde estoy?

Ahí entendí su desvelo.
No era miedo a la enfermedad. Era miedo a la deshumanización.

Porque cuando uno pierde memoria, necesita que el mundo recuerde por él.
Cuando uno pierde autonomía, necesita que otros la sostengan con dignidad.
Y cuando uno pierde palabras, necesita que alguien escuche el silencio.

Le puse la mano en el hombro.
Luis, tú tranquilo. La calidad del cuidado no depende de tu lucidez, sino de la lucidez ética de quienes te atienden. Y aunque haya sombras, también hay profesionales que son luz. Mucha luz.
Gente que entiende que el pañal no es un trámite, sino un acto de respeto.
Que sabe que la persona que no habla también siente.
Que la persona que no recuerda también merece ser recordada.

Luis asintió, más calmado.

Ojalá, Abuelo… ojalá nunca se nos olvide que todos podemos llegar ahí.

Y ahí está la clave.
No se trata de señalar.
Se trata de recordar que el deterioro cognitivo no resta valor humano.
Que la dignidad no depende del estado neurológico.
Que el cuidado es un espejo: dice más de quien cuida que de quien es cuidado.

Hoy Luis no durmió.
Pero quizá mañana sí.
Porque hablar de estos miedos también es una forma de cuidarnos.

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