Cronica de elabueloinfiltrado El verdadero debate no son las pensiones, sino el tamaño del gasto público

Cada cierto tiempo reaparece el mismo mensaje:

las pensiones son insostenibles, el gasto se dispara y, tarde o temprano, habrá que recortar derechos adquiridos por millones de personas que han contribuido durante toda su vida laboral.

En períodos preelectorales este debate suele intensificarse, acompañado de advertencias que generan preocupación e incertidumbre entre pensionistas y futuros jubilados.
Sin embargo, resulta llamativo que cuando se habla de ajustes casi siempre se señale a las pensiones como el principal problema, mientras apenas se debate sobre otras partidas de gasto público.

Antes de plantear congelaciones o recortes, quizá la pregunta debería ser otra:
¿se está gestionando de la forma más eficiente posible el enorme volumen de recursos que maneja el Estado?

España mueve cada año cientos de miles de millones de euros de gasto público. En este contexto, muchos ciudadanos se preguntan por qué el foco se dirige con tanta frecuencia hacia las pensiones y no hacia una revisión profunda de la estructura administrativa, la duplicidad de organismos, la burocracia o la eficacia real de determinadas subvenciones y programas públicos.

La cuestión no es únicamente cuánto se gasta, sino cómo se gasta. Cualquier familia sabe que cuando surgen dificultades económicas lo primero es revisar los gastos innecesarios antes de reducir aquello que garantiza su bienestar básico. Aplicar ese mismo principio a la gestión pública parece una reflexión razonable.

Además, existe otro elemento preocupante: el uso del miedo como herramienta de comunicación política y social. El miedo cumple una función esencial para la supervivencia. Nos alerta de los riesgos y nos impulsa a actuar con prudencia. Pero cuando se utiliza de forma constante como argumento político puede producir el efecto contrario: paralizar a la sociedad, generar resignación o condicionar decisiones colectivas desde la preocupación más que desde el análisis.

Hablar de la sostenibilidad del sistema de pensiones es necesario. Negar los desafíos demográficos sería irresponsable. Pero también lo es presentar los recortes como única solución posible sin abrir un debate serio sobre la eficiencia del gasto público, la simplificación administrativa, la eliminación de duplicidades y la evaluación rigurosa de cada euro que sale de las arcas públicas.

La sociedad merece información completa, transparente y equilibrada. Merece conocer tanto los retos del sistema como las posibles alternativas para afrontarlos.

Porque una democracia madura no toma decisiones importantes guiada por el miedo, sino por el conocimiento, la responsabilidad y la voluntad de encontrar soluciones justas.

Antes de preguntarnos cuánto deben perder los pensionistas, quizá deberíamos preguntarnos cuánto margen existe para gestionar mejor los recursos que ya tenemos. Ahí es donde debería comenzar el verdadero debate.

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