Crónica de elabueloinfiltrado Cuando el talento sénior solo importa cuando conviene

Esta mañana, en la cafetería de siempre, Luis y el Abuelo se encontraron con Benito, un antiguo colega. Venía con esa mezcla de lucidez y cansancio que solo tienen quienes han sostenido durante décadas el corazón invisible de una organización.

Benito trabaja en una gran entidad financiera. Programa en COBOL, ese lenguaje de los años 70 que muchos dan por muerto, pero que sigue moviendo millones de operaciones cada día. Y él es de los pocos que aún lo domina.

Está a punto de jubilarse. O mejor dicho: quiere jubilarse, pero su empresa no le deja. 
Porque, aunque hablan de innovación en cada congreso, la realidad es que su sistema depende de un puñado de profesionales como él. No hay relevo generacional. No hay transferencia de conocimiento. No hay plan. Solo urgencia.

Y cuando algo falla, no llaman a los jóvenes talentos, ni a los consultores de moda, ni a los gurús de la transformación. 
Llaman a Benito.

La paradoja es evidente: 
el talento sénior se desprecia cuando se habla de futuro, pero se vuelve imprescindible cuando hay que evitar un desastre.

En España llevamos meses escuchando que necesitamos experiencia, que faltan perfiles cualificados, que la demografía nos obliga a repensarlo todo. Pero en demasiadas empresas ocurre lo contrario:

– Se aparta a los mayores de proyectos estratégicos. 
– Se les etiqueta como “poco digitales”. 
– Se les sustituye por perfiles más baratos. 
– Se confía en que el conocimiento crítico “ya se resolverá”.

Hasta que un día, como en el caso de Benito, la realidad golpea: 
sin ellos, el sistema no funciona.

El problema no es COBOL. 
El problema es la incoherencia.

No se puede presumir de innovación mientras se ignora la necesidad de planificar relevos, formar a nuevas generaciones o reconocer la experiencia como un activo estratégico. El talento sénior no es un recurso de emergencia ni un extintor que se rompe “solo en caso de incendio”. Es continuidad, criterio, estabilidad y memoria organizativa.

Benito no quiere ser imprescindible. Quiere ser libre. 
Y su empresa, que no ha querido evolucionar ni preparar el futuro, ahora depende de él para sobrevivir.

Si de verdad queremos aprovechar el talento sénior (y España lo necesita más que nunca) debemos dejar de tratarlo como un parche y empezar a integrarlo como parte esencial del presente. No del pasado.

Porque lo que está en juego no es solo el conocimiento técnico. 
Es la capacidad de sostener lo que ya funciona mientras construimos lo que viene.

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