Hoy, en la cafetería de siempre, la sobremesa se convirtió en una pequeña cátedra improvisada. Éramos tres: Luis, ingeniero; Alfredo, profesor de psicobiología; y el Abuelo, que escucha y entiende mucho. La conversación giró, inevitablemente, hacia la inteligencia artificial. Pero no desde la moda, sino desde la biología, la experiencia y la edad.
Alfredo abrió el debate con una metáfora que nos dejó en silencio:
“Un bastón es útil… hasta que se convierte en una muleta permanente.”
Hablaba del hipotálamo, de cómo el cerebro necesita esfuerzo para mantenerse vivo, plástico, despierto. Nos recordó que escribir a mano activa circuitos que ninguna pantalla reproduce; que leer no es solo recibir información, sino entrenar la atención; que las matemáticas no son números, sino gimnasia para la mente.
Y entonces lanzó la pregunta que nos atravesó a los tres:
“¿Qué pasa cuando dejamos que la tecnología haga por nosotros lo que aún podemos hacer, aunque nos cueste?”
Luis, siempre práctico, defendía que la IA es una herramienta extraordinaria si sabemos usarla. Pero Alfredo insistía: el problema no es usarla, sino cederle funciones que mantienen nuestra autonomía. Igual que un bastón: si lo usas cuando lo necesitas, te sostiene; si lo usas siempre, te debilita.
El Abuelo, que había escuchado en silencio, remató con una frase que solo puede decir alguien que ha vivido mucho:
“A nuestra edad, lo importante no es hacerlo perfecto… es seguir haciéndolo.”
Y ahí entendimos los tres que el debate no era sobre tecnología, sino sobre identidad. Sobre no renunciar a la escritura porque existe el dictado. Sobre no dejar de pensar porque existe el buscador. Sobre no abandonar la lectura porque alguien puede resumirla por nosotros.
La IA puede ser un bastón maravilloso.
Pero la vida —especialmente en la madurez— exige que sigamos caminando por nosotros mismos.
Porque cada vez que hacemos algo que nos cuesta, aunque sea despacio, estamos enviando un mensaje silencioso al cerebro:
“Sigo aquí. Sigo siendo yo.”

No hay comentarios:
Publicar un comentario