Crónica de elabueloinfiltrado ¿Saber demasiado nos está haciendo imaginar menos?

Un almuerzo entre Luis, el Abuelo infiltrado y la memoria de lo que fuimos

Hoy Luis y el Abuelo se han ido a comer fuera de la residencia. Eligieron un local lleno de jóvenes, música alta y esa energía que solo tienen los lugares donde la vida todavía no ha aprendido a ir más despacio. Querían recordar viejos tiempos, pero lo que no esperaban era que la conversación terminara siendo casi un experimento filosófico.

Todo empezó con el eco del café que tomaron hace unos días con Mario, aquel jubilado salvadoreño empeñado en que no dejemos que el talento senior se oxide. Quizá por eso, mientras esperaban la comida, Luis lanzó una pregunta que cayó en la mesa como una piedra en un estanque:

“Oye… ¿y no será que saber tanto de tecnología nos está quitando creatividad?”

El Abuelo levantó la vista, sorprendido. Luis continuó:

“Cuando éramos jóvenes teníamos más imaginación, más iniciativa. Ahora parece que cuanto más sabemos, menos inventamos. Como si el conocimiento redujera nuestra creatividad.”

La frase quedó suspendida en el aire. Y, curiosamente, no sonó a queja. Sonó a descubrimiento.

El Abuelo, que siempre encuentra una grieta por donde entra la luz, respondió con calma:

-No es que el conocimiento reduzca la creatividad. Es que cuando ya sabes cómo funcionan las cosas, dejas de preguntarte cómo podrían funcionar.

Y ahí estaba el punto.

Cuando éramos jóvenes, la ignorancia era un motor. No sabíamos cómo se hacía algo, así que lo intentábamos. Improvisábamos. Mezclábamos ideas sin miedo al ridículo. No teníamos manuales, tutoriales ni algoritmos que nos dijeran cuál era el camino óptimo. Y en esa torpeza creativa, en ese caos fértil, aparecían las mejores ideas.

Hoy, en cambio, sabemos demasiado. Y ese “demasiado” a veces actúa como un freno. 
Porque el conocimiento ordena, pero la creatividad desordena. 
El conocimiento delimita, pero la creatividad expande. 
El conocimiento explica, pero la creatividad pregunta.

Quizá por eso Luis y el Abuelo, rodeados de jóvenes que hablaban de apps, startups y nuevas plataformas, se dieron cuenta de algo importante: la creatividad no desaparece con la edad ni con la tecnología; desaparece cuando dejamos de jugar.

Y jugar (en el sentido más profundo) es imaginar sin permiso.

Mientras terminaban el postre, el Abuelo remató la conversación con una frase que Luis aún sigue repitiendo:

“La creatividad no es cuestión de saber poco o mucho. Es cuestión de atreverse.”

Y quizá ese sea el mensaje que necesitamos recordar en un mundo donde la tecnología lo sabe todo, pero no imagina nada.

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