Crónica de verano de elabueloinfiltrado El arte de la siesta

El sol cae a plomo sobre la residencia y el aire parece detenido. En el salón, los ventiladores giran con solemnidad, como guardianes del silencio.

Luis pasa con una bandeja de zumos y observa la escena: todos dormidos, cada uno en su estilo.
—Esto parece una exposición, susurra.
El Abuelo, medio despierto en su sillón, responde sin abrir los ojos:
—Lo es. Se llama “El arte de la siesta”. Y somos los artistas.
Juan entra con su libreta y anota: “Nivel de relajación: absoluto”.
—Deberíamos medir esto científicamente, dice.
—No se mide (contesta el Abuelo). Se siente.
La siesta es una filosofía, no una función biológica.
En una esquina, una residente duerme con el abanico abierto sobre el pecho, como si fuera un escudo. Otro ronca con ritmo de bolero.
Luis intenta caminar sin hacer ruido, pero tropieza con una zapatilla rebelde.
El Abuelo abre un ojo.
—La siesta no se interrumpe, se acompaña (le advierte). Siéntate y participa.
Luis obedece. Se deja caer en una silla y cierra los ojos.
—¿Y si me duermo demasiado?
—Entonces habrás alcanzado la excelencia (responde el Abuelo). La siesta perfecta dura lo que el cuerpo necesita y el alma agradece.Juan, curioso, pregunta:
—¿Y usted cómo sabe cuándo despertarse?
—Cuando el ventilador cambia de tono(dice el Abuelo). Es el reloj natural del verano.
El silencio vuelve a dominar la sala. Solo se escucha el zumbido del aire y algún suspiro satisfecho.

El Abuelo sonríe, medio dormido, y concluye:
—En esta casa, el descanso no se negocia. Se celebra.

No hay comentarios:

Publicar un comentario